Washington D.C. – Estados Unidos dio un paso decisivo para definir el futuro del dinero digital al promulgar la ley GENIUS (Guiding and Establishing National Innovation for U.S. Stablecoins) y la Anti-CBDC Surveillance State Act. En conjunto, estos hitos legislativos reflejan un enfoque distintivo estadounidense: fomentar la innovación en stablecoins del sector privado y rechazar los sistemas de moneda digital estatales.
El enfoque estadounidense: innovación y regulación limitada
La ley GENIUS define las stablecoins o monedas estables como activos digitales vinculados 1:1 a la moneda fiduciaria y utilizados para pagos. Solo ciertas entidades financieras con menos de 10 mil millones de dólares en circulación pueden emitir estas monedas, siempre que mantengan reservas en dólares estadounidenses o bonos del Tesoro, se sometan a auditorías periódicas y cumplan con las normas AML/CFT. La ley también garantiza que estas monedas no se clasifiquen como valores o materias primas, lo que sitúa la supervisión en el sistema bancario en lugar de los mercados financieros.
Paralelamente, el proyecto de ley Anti-CBDC Surveillance State Act busca prohibir a la Reserva Federal emitir una CBDC (Central Bank Digital Currency, o Moneda Digital de Banco Central), directa o indirectamente, a particulares, alegando preocupaciones sobre la vigilancia financiera, la programabilidad y la extralimitación gubernamental. Esto convierte a EE UU en el único país del G7 que rechaza explícitamente un modelo de CBDC minorista, en favor de las stablecoins basadas en el mercado como representaciones digitales del dólar.
Para comprender mejor algunos de estos términos, conviene definir qué es una stablecoin. Se trata de un tipo de criptoactivo cuyo valor está diseñado para mantenerse estable en relación con un activo o conjunto de activos específicos. A diferencia de otras criptomonedas, como Bitcoin o Ethereum, cuyo valor puede fluctuar significativamente debido a la especulación y la oferta y la demanda del mercado, las stablecoins buscan minimizar la volatilidad. Son electrónicas, peer-to-peer y no son emitidas por bancos centrales. Estas monedas digitales utilizan diversas estrategias para lograr esta estabilidad, incluyendo la reserva de activos subyacentes, algoritmos de estabilización y gobernanza centralizada o descentralizada.
Las monedas estables respaldadas por moneda fiduciaria son las más comunes y conocidas, ya que están garantizadas por una reserva de una o más monedas tradicionales. Ejemplos notables incluyen Tether (USDT) y Circle (USDC), que están respaldadas por reservas equivalentes a su valor en dólares estadounidenses. Estas dos entidades controlan la gran mayoría de las monedas estables en dólares estadounidenses emitidas actualmente.
Las stablecoins buscan ser adoptadas como medio de pago para compras en línea, transacciones entre pares, micropagos, remesas y diversas aplicaciones futuras. Además, tienen el potencial de servir como instrumento monetario digital para su integración en aplicaciones basadas en blockchain, como el dinero programable o los contratos inteligentes. La tecnología blockchain permite registrar estas transacciones de manera segura y transparente, creando un historial inmutable que no depende de un intermediario central. Esto permite que las stablecoins se utilicen de manera confiable en entornos digitales, garantizando trazabilidad y seguridad.
Gracias a su estabilidad, se han convertido en un medio de intercambio predilecto dentro del ecosistema de las criptomonedas, facilitando transacciones más rápidas y económicas en comparación con las monedas fiduciarias tradicionales. La capitalización de mercado estimada de las stablecoins para mayo de 2025 fue de 245 mil millones de dólares, con las vinculadas al dólar dominando el mercado con más del 90% del total.


Fuente: Bank for International Settlements. (2025). BIS Annual Economic Report 2025. https://www.bis.org/publ/arpdf/ar2025e3.pdf
El enfoque europeo: regulación y soberanía monetaria
Al otro lado del Atlántico, la Unión Europea (UE), a través del Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA) y el proyecto en curso del Euro Digital, está trazando un rumbo muy diferente. Su objetivo es permitir la emisión regulada de monedas estables mientras desarrolla activamente un euro digital respaldado por el banco central, con la finalidad de mantener la soberanía monetaria en un entorno digital y, al mismo tiempo, proporcionar un medio de pago seguro y eficiente para los ciudadanos.
El marco MiCA, vigente desde mediados de 2025, ofrece un enfoque unificado para los criptoactivos, las stablecoins (ART y EMT) y sus emisores. Exige que quienes emiten monedas estables denominadas en euros, incluidos los bancos y las entidades de dinero electrónico, cumplan con estrictas normas de reserva, divulgación y autorización. A diferencia de la ley GENIUS, MiCA no excluye que las stablecoins se consideren instrumentos financieros o dinero electrónico. Además, la UE está impulsando un Euro Digital, una CBDC pública emitida por el Banco Central Europeo, que actualmente se encuentra en su fase legislativa. Este proyecto busca proporcionar acceso público al dinero digital, complementando el efectivo físico en euros y conectando los ecosistemas privados de monedas estables con el dinero de los bancos centrales.
Una CBDC es una forma digital de moneda fiduciaria emitida directamente por los bancos centrales. A diferencia de las criptomonedas privadas, que están descentralizadas y operan en redes blockchain sin intermediarios, las CBDC son gestionadas por una autoridad central, el banco central emisor. Estas representarían un nuevo tipo de dinero de banco central, combinando la naturaleza digital de los depósitos con el uso de efectivo en transacciones entre pares.
Actualmente, 137 países y uniones monetarias, que representan el 98% de la economía mundial, están explorando las CBDC. Setenta y dos países se encuentran en la fase de exploración avanzada (desarrollo, piloto o lanzamiento), y tres países han lanzado completamente este tipo de moneda (Bahamas, Jamaica y Nigeria). El mayor lanzamiento ha sido el yuan digital o e-CNY en China, logrando más de 180 millones de usuarios de billeteras personales y con un valor de transacción acumulado de 7,3 billones de RMB (aproximadamente 1 billón de dólares) en solo cuatro años de prueba piloto.
¿Cuáles son las consecuencias de estos distintos enfoques?
Las diferencias entre los enfoques de EE UU y la UE son marcadas y trascendentales, y su divergencia va más allá de lo regulatorio: refleja distintas ideologías sobre el futuro del dinero. Mientras EE UU busca limitar el control estatal, maximizar la innovación y consolidar la primacía global del dólar mediante monedas estables privadas, Europa aspira a preservar la soberanía monetaria, proteger a los usuarios y consolidar la innovación dentro de la arquitectura financiera existente.
La nueva legislación estadounidense restringe el acceso a las monedas estables extranjeras, por lo que los tokens denominados en euros podrían enfrentar barreras de acceso a este mercado. Esto podría consolidar el liderazgo del dólar en los pagos digitales y marginar al euro en los ecosistemas globales de stablecoins. La falta de marcos regulatorios armonizados puede obstaculizar la interoperabilidad global.
En este sentido, sería importante que las autoridades europeas promuevan marcos de reconocimiento mutuo que permitan a los emisores de monedas estables en euros cumplir con las normas estadounidenses mediante acuerdos bilaterales. Estos marcos deberían alinearse tanto con las infraestructuras técnicas y legales (protocolos de contabilidad, estándares de mensajería, intercambio de datos contra el blanqueo de capitales y fomento de la participación pública, etc.) como con los corredores piloto que se ajusten con los principios de las leyes MiCA y GENIUS.
Dicho esto, es importante destacar que también existen riesgos asociados a la privatización del dinero digital siguiendo el enfoque estadounidense. Como se mencionó, la mayoría de las stablecoins con sede en EE UU han sido emitidas por dos empresas, y ahora grandes instituciones financieras, como JP Morgan Chase, están siguiendo su ejemplo.
El crecimiento de las criptomonedas plantea desafíos para la política monetaria y la estabilidad financiera en un entorno donde coexisten con las monedas fiduciarias. Si una parte significativa de la población utiliza monedas estables emitidas por empresas privadas, los bancos centrales podrían perder el control sobre la oferta monetaria, lo que afectaría su capacidad para gestionar la inflación o ajustar los tipos de interés, así como su capacidad para gestionar un ciclo económico determinado. Al mismo tiempo, si los ciudadanos prefieren usar estas monedas digitales en lugar de depósitos en bancos tradicionales, los bancos comerciales podrían perder depósitos, lo que reduciría su capacidad de otorgar crédito y provocaría una desintermediación bancaria, reduciendo la liquidez en la economía. Esta es la razón por la que muchos economistas argumentan que una CBDC pública serviría como un ancla necesaria, permitiendo a los bancos centrales preservar la soberanía monetaria en un sistema financiero digitalizado y fragmentado.
En conclusión, la introducción de las monedas digitales es quizás el avance más importante en la economía monetaria de la última década. En esta nueva fase de globalización monetaria, la soberanía digital, la apertura financiera y la interoperabilidad regulatoria transfronteriza definirán a los ganadores y los rezagados. Las decisiones que se tomen en Washington, Bruselas y Pekín durante los próximos meses podrían moldear la infraestructura monetaria de las generaciones venideras.
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Carlos Sánchez Reboiro

Sobre el autor: Carlos Sánchez Reboiro trabaja como especialista global en finanzas digitales para IFC, el brazo de inversión privado del Banco Mundial, donde impulsa estrategias de finanzas digitales para expandir la inclusión financiera en mercados emergentes de todo el mundo. Es un experimentado profesional de la inversión con una década de experiencia en el sector financiero, donde ha liderado inversiones pioneras en empresas tecnológicas y fondos de capital riesgo en Asia, África y América Latina, promoviendo el desarrollo de sistemas financieros sostenibles. Carlos cuenta con dos maestrías en política públicas y gestión de empresas internacionales y formación especializada en venture capital, inteligencia artificial, desarrollo económico y finanzas descentralizadas.
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