Cuatro razones por las que cruzar el Atlántico para hablar de Europa
El pasado fin de semana asistí a la Conferencia Europea en Harvard, uno de los foros no gubernamentales más importantes en Estados Unidos sobre Europa. Organizada por estudiantes de la universidad, reúne a políticos, académicos, profesionales y estudiantes de ambos lados del Atlántico para debatir sobre el presente y el futuro de Europa. En el panel de eurodiputados, la eurodiputada belga Hilde Vautmans (Renew Europe) abría el debate señalando lo curioso de que cinco eurodiputados, se hubieran desplazado desde Bruselas hasta Boston para debatir de los mismos temas por los que se enfrentan todos los días en la capital europea.
Sí es curioso. Sin embargo, habiendo trabajado tres años como asistente parlamentaria en el Parlamento Europeo en Bruselas, puedo decir que nunca había asistido a un debate entre eurodiputados tan estimulante como el que presencié en Boston hace unos días. En este blog post, explico cuatro razones por las que creo que tiene sentido cruzar el Atlántico para hablar de Europa.
Primera: argumentos más largos que un tuit
En el debate entre eurodiputados estuvieron representados el Partido Popular Europeo (EPP) –por cierto, por el español Adrián Vázquez–, la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D), el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), Renew Europe y Los Verdes. Fue un debate honesto, sin filtros, pero también sin zascas. Para los que no estéis familiarizados, los “debates” (resaltemos las comillas) del Pleno del Parlamento Europeo están mucho más preparados y ensayados. Los eurodiputados recitan sus intervenciones ordenadamente desde el atril, y rara vez hay intercambio o réplicas a otros miembros. El incentivo principal es sacar un buen corte para redes sociales.
En este caso, no sé si fue la ausencia de cámaras, las reglas de Chatham House (que obligan a guardar el anonimato sobre quién dijo qué), el aura académica de Harvard, o el simple hecho de que ningún eurodiputado tenía en la sala una masa crítica de votantes a quienes convencer. El caso es que dijeron lo que pensaban, sin frases hechas ni mensajes recitados de memoria. Desarrollaron argumentos extensos que no habrían cabido en un tuit. Se dieron la razón cuando estaban de acuerdo, y argumentaron con rigor cuando discrepaban; algunos con más habilidad que otros. Una bocanada de aire fresco.
Segunda: Europa y Estados Unidos se hablaron
Mi panel favorito para ilustrar este punto fue el titulado Recommitting to the Alliance: Does Transatlanticism Still Serve U.S. and European Interests in a Fragmented World? El panel reunió a dos figuras del partido republicano: Carla Sands, embajadora ante Dinamarca durante la primera administración Trump, y Daniel Fried, antiguo subsecretario de Estado para Europa con George W. Bush; frente a dos voces europeas: Ditmir Bushati, exministro de Asuntos Exteriores de Albania, y el eurodiputado socialista Brando Benifei.
Como era de esperar, Groenlandia se convirtió en el tema principal de debate.
Uno de los ponentes estadounidenses abrió el debate sin rodeos: Groenlandia para Dinamarca es como una segunda residencia abandonada, que se cae a trozos y que no puede permitirse reparar ni mantener. Lo que hay que hacer es venderla. En la audiencia se nos cortó la respiración.
Por descabellado que suene, el ponente que lo defendió expuso una preocupación estratégica que incluso los europeos reconocieron como legítima: el aumento de la actividad militar rusa en el Ártico y la amenaza que supone para las rutas comerciales entre dos aliados estratégicos como todavía son EE.UU. y Europa, además de para los recursos naturales de la región. Todavía más interesante fue escuchar las discrepancias entre ambos representantes republicanos. Uno de ellos respondió con visible repulsión a la analogía de la casa abandonada, aduciendo que, si bien es importante reforzar la seguridad de Groenlandia, exigir que su soberanía pase a manos estadounidenses no es necesario ni aceptable. Después, recordó a los europeos en la sala que tenemos amigos y aliados en el Congreso de EE.UU., en el Partido Republicano, y también en la administración actual: encontradlos y trabajad con ellos.
Para cortar la tensión, la moderadora preguntó con sonrisa nerviosa a los ponentes: “¿Creéis que esta conversación se parece más a un desencuentro post-divorcio entre dos personas que un día se quisieron, o a una discusión intra-matrimonial?”. La respuesta fue casi al unísono: “Una discusión intra-matrimonial”.
Tercera: forjar alianzas futuras
La tercera razón para asistir a la Conferencia Europea es que allí se empiezan a forjar alianzas futuras. Entre el variado público se encontraban jóvenes profesionales que aspiran a trabajar para futuros gobiernos, organismos multilaterales, organizaciones filantrópicas e instituciones académicas a ambos lados del Atlántico.
Gracias a este encuentro, los estudiantes estadounidenses que asistieron entienden hoy un poco mejor la perspectiva europea y la agenda de prioridades. Y los europeos entendemos que la alianza transatlántica tiene en Estados Unidos pilares más profundos que la administración de turno. Los intercambios se prolongaron más allá de los paneles: en los pasillos, en el bar de la esquina al final de la jornada, y en la gala de cierre.
Mañana, esos estudiantes serán contrapartes a un lado y otro del océano. Se acordarán de este fin de semana juntos, tendrán sus números de WhatsApp, y se hablarán.
Cuarta: el nivel de los panelistas fue excepcional
Es llamativo que tantas personalidades de la esfera política, académica y empresarial hagan hueco en sus agendas para asistir a una conferencia organizada por estudiantes. Estuvieron, por ejemplo, el primer ministro de Luxemburgo, Luc Frieden, y el reciente vicecanciller y ministro de economía y clima en Alemania, Robert Habeck. España estuvo bien representada – además del ya mencionado eurodiputado Adrián Vázquez. Tamara Rojo, bailarina y directora del Ballet de San Francisco, participó en el panel Culture as Transatlantic Bridge, donde defendió que la cultura y el arte son una forma de diplomacia muy poderosa. Este fue, por cierto, el panel más emotivo de las jornadas. La DJ y activista ucraniana Daria Kolomiec contó cómo pasó de pinchar música en fiestas a recopilar el paisaje sonoro de una guerra: los sonidos de las pérdidas, las voces de compañeros artistas que han ido pereciendo en el conflicto. Nos emocionamos.
También estuvo como panelista el español Antón Leis, actual director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que explicó el rol que la agencia está asumiendo en un contexto global cada vez más hostil hacia la cooperación internacional. Este panel estuvo moderado por Samantha Power, que fue directora del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y embajadora ante la ONU con la presidencia de Barack Obama.
Europa incluye España
Este año, la presencia española ha sido especialmente destacada. No solo contamos con tres ponentes excepcionales, sino que también acudieron estudiantes y profesionales españoles desde varias ciudades de EEUU. Representaban diversidad de sectores y perspectivas. Quiero agradecer al equipo de la Spanish Public Policy Network (SPPN), que facilitó esta movilización, y al Real Colegio Complutense en Harvard (RCCHU), que acogió a ponentes y participantes en un desayuno exclusivo el viernes 6 de febrero, al inicio de la conferencia.
Mi último agradecimiento va a los dos españoles que formaron parte del equipazo de organización de esta conferencia: Aldara Falcó y Antonio Tintoré. Con sus reflexiones cierro esta publicación:
“De la Conferencia Europea me llevo una constatación: no fuimos, sino que seguimos siendo aliados. Y en este punto de la historia, el diálogo transatlántico no solo es posible, sino necesario. Espacios como este facilitan un canal de comunicación a veces más eficaz que los cauces formales entre gobiernos. Las sociedades estadounidense y europea sobrevivirán a la administración que nos ha tocado vivir hoy. Es por esas sociedades, por nosotros, por quienes debemos seguir trabajando en la alianza transatlántica.” (Aldara Falcó)
“La energía que se respiraba en los pasillos de la Harvard Kennedy School es precisamente la que debe canalizarse para que Europa termine de despertar. Si somos capaces de traducir este impulso en acción política, Europa puede convertirse de nuevo en una alternativa de auténtico atractivo global. Y, en el contexto transatlántico, una Europa más fuerte y consciente de sí misma podría dar lugar a una relación con Estados Unidos más equilibrada, más madura y más sana.” (Antonio Tintoré)
Nos vemos el año que viene, en la Conferencia Europa.
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Victoria Suárez

Sobre la autora: Victoria Suárez es Research Fellow en el Growth Lab de la Universidad de Harvard, donde trabaja en desarrollo económico de ciudades. Anteriormente fue jefa de gabinete de Eva Poptcheva en el Parlamento Europeo y asistente parlamentaria de Luis Garicano, especializada en política económica y presupuestaria. También trabajó en la Governance Global Practice del Banco Mundial, centrada en temas de gobernanza y corrupción. Es graduada en Derecho y ADE por la Universidad Complutense de Madrid y cuenta con un MPA en Economic Policy por la London School of Economics.

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