El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el pasado 15 de enero la creación de «España Crece», un fondo soberano gestionado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) y dotado, inicialmente, de 10.500 millones de euros. A través de aportaciones de inversores y de deuda privada, el Gobierno aspira a que este nuevo vehículo inversor alcance los 120.000 millones de euros, con el propósito de invertir y financiar actividades en diversos sectores de la economía española.
Este anuncio debe enmarcarse en un contexto en el que los últimos Presupuestos Generales del Estado aprobados son los del año 2023 y en el que los fondos europeos llegan a su fin en agosto de este año. La complicada aritmética parlamentaria actual ha imposibilitado la aprobación de presupuestos en esta legislatura. Siendo el escenario de una legislatura sin presupuestos el más probable, la prórroga de los presupuestos de 2023 limita el margen de maniobra del Gobierno para realizar nuevas inversiones que la economía española precisa en 2026. Los fondos europeos han contribuido a compensar, en parte, la falta de presupuestos, al otorgar al gobierno fondos externos al presupuesto. El fin de la ayuda europea complica las perspectivas de una economía cuyo buen rendimiento en los últimos años se ha basado, en gran medida, en el gasto y la inmigración. En este contexto, “España Crece” trataría de compensar la falta de presupuestos y el fin de la ayuda europea al actuar como instrumento de inversión en la economía al margen de los presupuestos.
Este artículo analizará la idoneidad, así como los riesgos y las oportunidades que conllevan el establecimiento de «España Crece», a la vista del contexto económico y político anterior, y de la variedad de fondos soberanos españoles ya existentes. Todo ello, sin obviar las particularidades de «España Crece», las cuales pasamos a analizar.

Las particularidades de «España Crece»
Algunas características de “España Crece” (por lo que se conoce hasta ahora) son, en cierto modo, particulares.
Empezando por la tipología, siguiendo la clasificación establecida en Sovereign Wealth Funds: Between the State and Markets, tradicionalmente, los fondos soberanos han sido establecidos por países con abundantes recursos naturales o con superávits en sus cuentas públicas. Como ejemplo del primer grupo puede mencionarse Noruega, país que cuenta con el mayor fondo soberano del mundo. Por su parte, el Future Fund de Australia es un ejemplo de un fondo soberano que ha sido constituido y financiado mediante superávits en las cuentas públicas.
En el caso de “España Crece”, los fondos europeos son el origen de los 10.500 millones de euros con los que se pretende dotar inicialmente al fondo soberano. Esta circunstancia supone una peculiaridad para un fondo soberano, si bien puede encontrarse un cierto paralelismo con la canalización hacia fideicomisos de recursos provenientes de Organizaciones Internacionales en países del Sur Global. Esta práctica ha sido recientemente desaconsejada por el Fondo Monetario Internacional.
Asimismo, el origen del capital constituye un buen indicio para conocer los objetivos perseguidos por un fondo soberano. Así los fondos soberanos han sido mayoritariamente fondos de estabilización o de reserva. Los fondos de estabilización tienen como principal propósito paliar las volatilidades asociadas a fluctuaciones en el precio de materias primas, entre otros. Entre los fondos de estabilización podemos mencionar el Fondo de Estabilización Económica y Social de Chile. Por su parte, los fondos de reserva, como el fondo soberano de Noruega, buscan cubrir necesidades en el largo plazo, siendo el pago de las pensiones un ejemplo común. Además, últimamente han ganado peso los fondos estratégicos (como Temasek), aquellos que buscan realizar inversiones estratégicas para la economía o incluso la seguridad nacional. Por los objetivos de inversión anunciados, “España Crece” sería un fondo estratégico.
Finalmente, el nombre elegido, “España Crece”, se aleja de la nomenclatura habitual para denominar a un fondo soberano. A nivel internacional, los fondos soberanos suelen adoptar nombres más técnicos e institucionales, como Investment Authority o Wealth Fund, entre otros. “España Crece” es un nombre cargado de connotaciones políticas.
«España Crece», el sexto fondo soberano español
Los fondos soberanos no son un vehículo desconocido para nuestro país. España cuenta ya con cuatro vehículos soberanos relacionados con Cofides, con un valor de activos bajo gestión cercano a los 6.000 millones de euros. El más importante de estos fondos es el propio Cofides, actual miembro y representante español en el International Forum of Sovereign Wealth Funds, la asociación de fondos soberanos más importante a nivel internacional.
Además, han de mencionarse tres vehículos soberanos en el perímetro de Cofides: Spain Oman Private Equity Fund (SOPEF I y SOPEF II), el “Fondo de Impacto Social” (FIS) con una dotación de 400 millones de euros, y el “Fondo de Coinversión” (FOCO).
De acuerdo con los informes anuales de 2023 y 2024 del centro de investigación sobre fondos soberanos del Instituto de Empresa, SOPEF I y II (con activos de aproximadamente 300 millones de euros) son el resultado de una Joint Venture entre Cofides y el fondo soberano de Omán para adquirir participaciones minoritarias en empresas españolas con el fin de fomentar su internacionalización. Por su parte, FOCO es un vehículo de mayor tamaño, al tener 2.000 millones de euros de activos bajo gestión. Se trata de un vehículo cuyo objetivo es atraer capital extranjero y realizar coinversiones en sectores estratégicos de la economía española. En este caso, la financiación de FOCO también proviene de los fondos europeos Next Generation.
Finalmente, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) puede clasificarse como fondo soberano estratégico. Destaca su alto nivel de actividad, como sus recientes entradas en el capital de importantes empresas españolas (Telefónica o Talgo, por ejemplo) demuestran. La actividad de la SEPI comparte grandes similitudes con la llevada a cabo por el fondo soberano italiano o turco, entre otros. Así, “España Crece” sería el sexto fondo soberano español.
Idoneidad, riesgos y oportunidades
El fin de los fondos europeos y la ausencia de presupuestos constituyen un reto para la economía española. La posibilidad de invertir los fondos europeos restantes y estimular la economía más allá del verano de 2026 supone un cierto balón de oxígeno para una economía que se ha beneficiado especialmente de la inyección de ayuda europea. No obstante, el debate sobre la conveniencia de crear un nuevo fondo soberano debe centrarse en si los objetivos planteados por el Gobierno pueden alcanzarse mediante FOCO o la SEPI, teniendo en cuenta las similitudes entre estos vehículos y el fondo anunciado. Asimismo, resulta importante evaluar los riesgos potenciales asociados a esta iniciativa.
En cuanto a los riesgos, destaca la potencial politización del fondo y sus posibles efectos en la toma de decisiones de inversión. Los denominados «Principios de Santiago» (24 en total) constituyen las líneas directrices y prácticas que se recomiendan seguir a los fondos soberanos para su adecuado funcionamiento y la consecución de objetivos. En este caso se antoja especialmente relevante el principio número 9, relativo a la independencia del equipo directivo en la toma de decisiones de gestión e inversión.
Pese a los riesgos y la aparente falta de necesidad de crear un sexto fondo soberano, el debate público que ha generado el anuncio del establecimiento de “España Crece” puede suponer una oportunidad para mejorar la integración y la coordinación entre los distintos fondos soberanos que tiene España. Esta circunstancia facilitaría la definición de los objetivos que deben ser perseguidos por los vehículos soberanos españoles y mejoraría la eficiencia en su consecución.
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Romain Le Coz González

Sobre el autor: Romain Le Coz es research fellow del IE Sovereign Wealth Research Center del Instituto de Empresa. Romain está finalizando el Doble MPA de la Columbia University SIPA y la London School of Economics, especializándose en finanzas, economía y relaciones internacionales. Previo a sus estudios de postgrado, Romain trabajó en PwC en el departamento de Deals, asesorando a empresas y fondos de inversión en la compra y venta de sociedades y de activos inmobiliarios. Además, es graduado del Doble Grado en Derecho y Administración de Empresas del Instituto de Empresa, y habla seis idiomas.

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